La cuenca de Marennes

La cuenca de Marennes es un territorio con múltiples facetas. Los diferentes municipios que la componen comparten desde siempre la misma historia geográfica, económica, histórica, e incluso política. Saint-Sornin, Le Gua , Nieulle sur Seudre, Saint-Juste-Luzac, Hiers-Brouage, Marennes y Bourcefranc-Le Chapus son los siete municipios que componen esta cuenca.
 

Un patrimonio remarcable

La cuenca de Marennes está enriquecida con un patrimonio fuera de lo común. Dotada de numerosas fortificaciones, citemos la ciudadela de Brouage, con sus murallas con atalayas emblemáticas, le Fort Louvois, última fortificación construida bajo el régimen de Louis XIV o la torre de Broue, vestigio de un conjunto fortificado del siglo XI. El campanario de la iglesia de Marennes culminando à 85 metros o el castillo de La Gataudière, antigua estancia de François Fresneau apodado “el padre del caucho” completan este inventario no exhaustivo.
 

Una fauna y una flora excepcionales

Las marismas de la cuenca de Marennes son un soberbio tesoro para la fauna y una tierra predilecta para muchas aves y sobre todo para las aves migratorias. Garzas, garzotas y cisnes…son los habituales de este lugar. En la primavera, paseándose en las marismas de Brouage, no es raro observar cigüeñas anidando. Las marismas de la cuenca de Marennes constituyen inmensas zonas salvajes donde la naturaleza tiene todos sus derechos.
 

Actividades y tradiciones

Cómo evocar la cuenca de Marennes sin pensar en la ostricultura y en sus pequeños puertos con cabañas multicolores y sus flotillas de barcas (chalanas). Aquí, se encuentra una especificidad única: la depuración en criaderos. Es en estas antiguas salinas, que han hecho la riqueza del territorio durante siglos con la producción de sal, que se elaboran las famosas “fines”, especiales o “pousses en claires”. En el puerto del Chapus, la flotilla es variada: siempre barcas ostrícolas y además barcos de pesca y barcas mejilloneras porque también se crían mejillones de vivero, una especialidad más. En la cuenca de Marennes la producción bovina y la agricultura son igualmente actividades de primer orden.
 

Una destinación de vacaciones por excelencia

La playa de Marennes es ideal para el baño de los más pequeños, arena fina, sin corriente ni olas y, como premio, un soberbio panorama de la isla de Oléron. Numerosos carriles para bicicletas recorren la zona para descubrirla de esta forma. La Ciudad de la Ostra, el largo canal de La Cayenne hasta Marennes, explica de manera muy lúdica “la aventura de la ostra”. En Saint-Just-Luzac, el Molino des Loges atestigua de la ingeniosidad humana funcionando al ritmo de las mareas. En los jardines del Castillo de la Gataudière, un circuito de “canopy tour” encantará a los aventureros. Varias bases náuticas permitirán a los aficionados de actividades acuáticas satisfacer su pasión.